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viernes, 3 de abril de 2026

El Partido Comunista Francés y el «nuevo realismo» en las artes; Equipo de Bitácora (M-L), 2026

«En el siguiente capítulo vamos a desglosar los siguientes subcapítulos:

a) Las relaciones del PCF con los intelectuales durante los primeros años 20;

b) Los primeros debates en la posguerra (1946) sobre el compromiso del artista y su arte;

c) ¿La Guerra Fría obligó al PCF a radicalizar su discurso en la esfera cultural?;

d) ¿Es posible separar los vaivenes culturales del PCF de su oportunismo político?;

e) El PCF impulsa oficialmente el «nuevo realismo» en las artes (1947);

f) El retrato de Stalin de Picasso y la polémica en «Les Lettres françaises» (1953);

g) El ostracismo del pintor estrella del partido. El caso Fougeron (1953);

h) El caso Lecœur (1954). La expulsión de un organizador nato;

i) La progresiva decadencia del PCF y su vuelta en el arte hacia posiciones pasivas y liberales.

Las relaciones del PCF con los intelectuales durante los primeros años 20

Hoy podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que la evaluación que en su día hizo Enver Hoxha sobre el Partido Comunista Francés (PCF) y sus intelectuales en el campo de las artes fue completamente correcta:

«La burguesía, con su arte decadente, influía no sólo en los militantes de base del partido comunista, sino también en los cuadros que se ocupaban de la agitación y propaganda. Estos elementos, influidos por este arte, teorizaban, deformaban e interpretaban de una manera retorcida a Lenin, el cual ponía de relieve que la revolución crea su arte, que los comunistas no rechazan el anterior patrimonio progresista del pueblo. Esta gente, asimismo, interpretaba de una forma revisionista y burguesa los criterios de Lenin, Stalin y Zhdánov de que los escritores y los artistas de la sociedad socialista deben ser libres en sus creaciones, que deben tener iniciativa personal, pero sin dejar nunca de ser realistas y de crear obras que sirvan realmente a la revolución y al socialismo.

Algunos estetas pseudomarxistas llegaron al punto de defender la tesis de que Lenin habría preconizado la libertad absoluta de creación. El filósofo antimarxista Roger Garaudy proclamó el «realismo sin riberas». Otros defienden la tesis de que, cuando la literatura y el arte son dominados por la ideología, por el partido, no hay libertad, por lo tanto, no hay creatividad.

Naturalmente, todo era de esperar en el terreno de la estética, cuando en el Partido Comunista Francés tenían influencia y posaban de comunistas gente como André Gide, André Malraux o Paul Nizan, que junto con Louis Aragon asistieron al primer congreso de los escritores soviéticos en Moscú, pero que finalmente traicionaron y llegaron a ser anticomunistas declarados». (Enver Hoxha; Eurocomunismo es anticomunismo, 1980)

Así fue como muchos de estos intelectuales −músicos, periodistas, actores, escultores, pintores o novelistas− fueron reclutados en el PCF garantizándoles una «libertad de actuación» a cambio de que estos aportaran su prestigio y trataran de influir en sus compañeros de profesión. Sin embargo, en momentos críticos −con motivos más o menos justificados−, fueron los primeros en exigir una liberalización del partido en las artes o directamente decidieron abandonar el barco, muchas veces, además, para adoptar las posturas más reaccionarias imaginables. Sea como fuere, el PCF alcanzó en la etapa del 1936 al 1956 una gran popularidad entre las capas de la intelectualidad. Entonces, ¿cómo podemos resumir el modelo partidista que adoptó el PCF respecto a estos intelectuales?

«En su documentado estudio sobre las relaciones entre el PCF y los intelectuales a lo largo de más de 40 años, el historiador británico David Caute estableció un esquema de funciones que, aunque aclara que el partido nunca elaboró de manera racional y consciente, puede agruparse lógicamente en cinco categorías que denominó «principios de utilidad». La primera se basa en el prestigio y tiene una base netamente utilitarista volcada a cooptar grandes firmas. La segunda, de más difícil concreción práctica, alude a la solicitud de que el intelectual desarrolle una competencia profesional exitosa en su campo de conocimiento sobre la base del marxismo-leninismo y con el fin de influir políticamente a otros intelectuales y a la comunidad cultural en general. Subsidiariamente, esta función puede apuntar al incremento del propio nivel ideológico del partido, aunque, afirma Caute, este resultado fuera siempre observado con recelo. La tercera categoría alude a la agitación política de los intelectuales en el seno de organizaciones profesionales o a través de organizaciones unitarias y de la prensa del partido. En cuarto lugar, ubica el periodismo político, la función más frecuente y extendida entre las categorías más bajas del espacio intelectual partidario. Por último, y en estrecha relación con la segunda función e igualmente compleja que aquella, coloca la tarea del intelectual que, como creador marxista, buscar guiar y acelerar las actitudes políticas y culturales de las masas». (Adriana Petra; Intelectuales comunistas en la Argentina (1945-1963), 2013)

lunes, 13 de abril de 2020

La lucha contra el «estalinismo»: pretexto para atacar los fundamentos del marxismo-leninismo; Vincent Gouysse, 2005

La visión de los eurocomunistas y la influencias de cada líder del eurocomunismo eran claras:

«Todos los revisionismos parten de un revisionismo anterior, y los revisionismos iniciales, parten del reformismo, del anarquismo, del socialismo utópico. Es por tanto una repetición continua de tesis ya combatidas antaño por los marxistas de la época de Marx y Engels, y por los marxista-leninistas de la época de Lenin hasta nuestros días. No significa por ello que a todos se les combata por igual y que sea sencillo desmontarlos, hay que saber diferenciar sus características específicas para saber refutarlos de forma correcta. (...) [Los líderes del eurocomunismo] habían surgido de las filas de los partidos marxista-leninistas, estos luego gustosamente aceptaron el revisionismo jruschovista porque les daba vía libre para desarrollar sus ideologías antistalinistas, y finalmente queriéndose distanciar del revisionismo soviético y su tutela plantearon tesis que reclamaban la posibilidad de elaborar una línea propia bajo el llamado «policentrismo». El contenido ideológico de cada partido eurocomunista era muy cercano al de la socialdemocracia: democracia parlamentaria burguesa, multipartidismo en el socialismo, economía mixta, y política exterior pro chovinista e imperialista. Este revisionismo acabó siendo la rama más descarada de todas. (...) Cada líder eurocomunista tendría cierta herencia y tendencia a emular a otros revisionismos pasados: el Partido Comunista Francés de Georges Marchais recuperando a Tito y Proudhon, el Partido Comunista de España de Santiago Carrillo con sus desarrollos maoístas –Carrillo reconocería que se formó ideológicamente en tal revisionismo–, pero también un cierto trotskismo, y el Partido Comunista Italiano de Enrico Berlinguer con su apego a las ideas revisionistas de figuras de su partido del pasado como Palmiro Togliatti. El eurocomunismo buscaba alianza en todos los grupos de revisionistas sin distinción». (Equipo de Bitácora (M-L); El revisionismo del «socialismo del siglo XXI», 2013)

Pese a que la burguesía mantuvo grandes ilusiones sobre el papel a desempeñar por los eurocomunistas, pero pronto los fracasos electorales y el fraccionalismo interno hicieron que estos partidos se desintegraran hasta ser obligados a fusionarse con otras formaciones para poder sobrevivir, o hasta su liquidación absoluta. A consecuencia de ello, la burguesía tuvo que recurrir a fomentar directa o indirectamente otras corrientes revisionistas, y sobre todo, a reforzar su viejo as en la maga: las organizaciones socialdemócratas tradicionales. Esto no quita que de forma premeditada o espontánea, el eurocomunismo haya dejado huella en muchos movimientos oportunistas de corte ecléctico.

Dejamos al lector obras similares donde se critica al eurocomunismo y sus sucesores:

-Eurocomunismo es anticomunismo; Enver Hoxha, 1980

-El Partido del Trabajo de Albania sobre el tratamiento y la correcta solución de las contradicciones en la sociedad socialista; Ismail Lleshi, 1984

-El revisionismo del «socialismo del siglo XXI», Equipo de Bitácora (M-L), 2013

-¿Es Alexis Tsipras el nuevo Enrico Berlinguer?; Equipo de Bitácora (M-L), 2015

-Las luchas de fracciones en Podemos y su pose ante las masas; Equipo de Bitácora (M-L), 2017

El documento:

De izquierda a derecha: Robert Hue, Georges Marchais y Santiago Carrillo

«Expondremos principalmente, con la ayuda de las obras «Democracia», publicada en 1990 por Georges Marchais –secretario general del Partido Comunista Francés (PCF) desde 1972 hasta 1994– y «Comunismo: La Mutación», publicada en 1995 por Robert Hue –secretario general del PCF desde 1994 hasta 2001, luego presidente del PCF desde 2002–, el hecho de que a través del antiestalinismo, los revisionistas del PCF atacan en realidad al marxismo-leninismo. Estos no son ataques sobre detalles de la teoría marxista, sino sobre sus fundamentos mismos, ataques que conducen a la revisión total del marxismo en todos sus aspectos.

a) Ataques contra el materialismo dialéctico

«El «marxismo-leninismo», tal como lo reglamentó Stalin, es un sistema coherente, simplista y accesible. La dialéctica se halla reducida a unas pocas «leyes» universales. Todo se desarrolla bajo la tranquila seguridad de las «leyes de la naturaleza». Esta coherencia se combina con una fuerte preocupación por la «pedagogía de masas». (Robert Hue; Comunismo: La Mutación, 1995)

lunes, 31 de diciembre de 2018

El sabotaje de la revolución, línea general de los revisionistas; Agim Popa y Vangjel Mosiu, 1984


«Otra dirección que siguen los revisionistas modernos para negar la necesidad de la revolución, del derrocamiento revolucionario de la burguesía, de la destrucción de la máquina del estado burgués y de la instauración de la dictadura del proletariado es la prédica de las tesis del XX Congreso del PCUS y de los eurocomunistas sobre el llamado tránsito «pacífico» y «democrático» al socialismo, mediante la vía parlamentaria y reformista, en el marco del legalismo burgués y de las constituciones burguesas. Pero en estas tesis ya conocidas de los revisionistas se halan también nuevos matices.

En sus actuales prédicas ha cobrado una amplia difusión especialmente la idea de que en ningún país, incluyendo los países capitalistas desarrollados, se plantea directamente la tarea de derrocar a la burguesía y pasar al socialismo. Mientras que los revisionistas chinos difunden el punto de vista de que la cuestión de la revolución no se plantea en absoluto en nuestra época, porque, pretendidamente, no existe en el mundo una situación revolucionaria, los revisionistas soviéticos y sus adeptos, y también los eurocomunistas, se han presentado con la tesis de que el camino hacia el socialismo en los países capitalistas desarrollados pasaría por una fase intermedia, la denominada «democracia antimonopolista». 

«La perspectiva de una amplia ofensiva contra el poder del capital [escriben los «teóricos» soviéticos] ha encontrado expresión teórica en el concepto de la democracia antimonopolista, elaborado por el movimiento comunista». ( Problemi mira i socializma, N° 2, 1983, pág. 51) 

Los revisionistas germano occidentales han incluido en su programa la «democracia antimonopolista», entendiendo con ella:

«Un período de transformaciones radicales, cuando la clase obrera y las demás fuerzas democráticas tienen una fuerza política e influencia parlamentaria tan grande como para formar un gobierno de coalición que represente sus intereses comunes». (Ibídem, N° 2, 1983, pág. 53) 

Puntos de vista similares propagan los revisionistas también en Austria, Francia, España, Gran Bretaña, Canadá, Brasil, Grecia y otros países.